Inaugurando la sección “La Vida Moderna”

Aquí vamos. El caso es que algo había que hacer con la cantidad de conversaciones, reflexiones, chascarrillos, paridas… que a lo largo del día vamos haciendo sobre la maravillosa existencia que nos ha tocado vivir. Intentaré ir recopilando cada uno de ellos para crear un compendio (que no manual) de momentos reseñables.

ERAN LAS DOS DE LA MAÑANA…

Dándole a la tecla, poniendo una lavadora y escuchando a Dardo, mi vecino (también conocido como Turbo). En teoría, y en la práctica también, mañana viernes me voy al salir del trabajo a Málaga a ver a Javier y Angelines. Dado que estoy un poco ñoño lo he dudado hasta el último momento, pero lo cierto es que no tenía ningún motivo para no ir -salvo el estar un poco ñoño y pasota-.

Javier fue mi jefe en La Razón. Un jueves de septiembre del año 98 nos presentamos tres estudiantes de periodismo en la redacción de ese magnífico rotativo pidiendo hablar “con el responsable de la versión electrónica del periódico”, así, en plan chulo nosotros. La encargada de la selección de los becarios nos miró con los ojos como platos y nos dijo “Bueno, tenemos planes para hacer versión electrónica del periódico, claro, pero de momento está en proyecto… id a hablar con el Redactor-Jefe de Infografía que será el que más al tanto esté de ello”. Por supuesto, la tipa no tenía ni idea de lo que decía y lo único que pretendía era quitarse el muerto de enmedio.

Al final de la redacción, situada en la primera planta del edificio, diáfana y con un trajín de gente montando mesas, ordenadores, impresoras… había un tipo con el pelo pincho, perilla, gafas y cara de pocos amigos. Era Javier Sicilia. Nos acercamos a él y le contamos nuestros planes sobre la creación del periódico electrónico y lo que podíamos aportar. Como ese no era tema de su incumbencia, simplemente nos dijo “Esto es Infografía, de momento podeis empezar aquí y cuando se monte el periódico online ya se verá. ¿Sabeis manejar el Adobe Illustrator?”. No miramos, y sin dudar un momento dijimos “Si, claro, lo hemos manejado en la Universidad”, lo cual no era del todo cierto… lo único que sabíamos era que con ese programa se podían hacer dibujitos y que teníamos que aprender a utilizarlo a marchas forzadas porque Javier nos dijo “Muy bien, empezais el lunes”. El resto es historia, o muchas historias -y casi todas muy buenas y divertidas-, pero han de ser contadas en otro momento.

Así que ocho años después me marcho a ver al ahora mi amigo, que tiene su estudio de diseño en Málaga, está felizmente casado y tiene dos niñas pequeñas y una más mayor… yo voy solo en mi coche, con mis CD’s, mi portatil, mis libros y mi cara de despiste… como hace ocho años.


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