Estado mental: en obras

Dos semanas de obras en la terraza, con medio salón tapado al mejor estilo captura de E.T. en casa de Elliot. Dos semanas con obreros picando desde las 8 de la mañana, haciendo que tengamos que madrugar en vacaciones, que nos exiliemos voluntariamente a piscinas públicas, centros comerciales, calles céntricas de la ciudad (también en obras, por cierto)… todo por no soportar los ruidos y evitar minar el estado de ánimo en un periodo se supone de descanso y relajación.

No vienen a llevarse a E.T. si no a poner las baldosas del suelo...

No vienen a llevarse a E.T. si no a poner las baldosas del suelo...

Las obras no son compatibles con la vida. Hoy parece que hay ido el “chispas” (a.k.a. conocido como el electricista) y se nos plantea el problema de nosequé enchufe conmutado, por no hablar de llevar una semana sin puerta en la terraza, con lo que tenemos el salón a la intemperie. Pero bueno, se supone que hay que sufrir porque así conseguiremos algo mejor. Las obras son cristianas. Católicas, apostólicas y romanas, diría yo, porque a cambio de sufrimiento extremo, pagar un buen peaje económico y no protestar, quizá dentro de un tiempo tendremos la recompensa de un lugar mejor, en este caso una terraza cerrada con nuestro despachito y habitación de invitados.

Amén.

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